La alimentación y el deporte son los dos pilares fundamentales de una transformación física exitosa. Por separado, sus efectos son limitados. Juntos, crean una sinergia poderosa que acelera tus resultados y los hace duraderos. Aquí te explico cómo optimizar esta combinación ganadora.
Antes del entrenamiento: preparar el cuerpo
Una comida pre-entrenamiento ideal se toma 2 a 3 horas antes del esfuerzo. Debe contener carbohidratos complejos para energía (arroz, pasta integral, batata) y proteínas moderadas. Evita las grasas y las fibras en exceso que ralentizan la digestión. Si entrenas temprano por la mañana, un plátano y algunas almendras 30 minutos antes son suficientes.
Un cuerpo bien nutrido rinde mejor. Nunca entrenes en ayunas para sesiones intensas.
Durante el esfuerzo: mantenerse hidratado
La hidratación es crucial. Bebe 150 a 250 ml de agua cada 15-20 minutos durante el esfuerzo. Para sesiones de más de una hora, añade electrolitos. La deshidratación, incluso leve (2% del peso corporal), disminuye el rendimiento un 20% y aumenta el riesgo de lesión.
Después del entrenamiento: la ventana anabólica
En los 30 a 60 minutos siguientes a tu sesión, tu cuerpo está particularmente receptivo a los nutrientes. Es el momento ideal para consumir proteínas (20-40g) y carbohidratos. Un batido de proteínas con un plátano, o una comida completa con pollo y arroz, son excelentes opciones.
Adaptar la alimentación a tu objetivo
Para la pérdida de peso, mantén un ligero déficit calórico mientras mantienes las proteínas altas para preservar el músculo. Para ganar masa, aumenta progresivamente las calorías con un superávit de 200-300 kcal y privilegia fuentes de proteínas de calidad. En ambos casos, el timing de los nutrientes alrededor del entrenamiento optimiza los resultados.
No puedes compensar una mala alimentación con entrenamiento. El deporte representa el 30% de los resultados, la alimentación el 70%.
Errores a evitar
No saltes comidas pensando que quemarás más grasa. No compenses una sesión de entrenamiento con exceso alimentario. No elimines totalmente los carbohidratos si haces deporte regularmente. Evita las bebidas energéticas industriales llenas de azúcar. No descuides las verduras con el pretexto de priorizar las proteínas.
Un ejemplo de día tipo
Desayuno: copos de avena, huevos, fruta. Snack: yogur griego, frutos secos. Almuerzo: pollo, arroz integral, verduras. Pre-entrenamiento: plátano, almendras. Post-entrenamiento: batido de proteínas, plátano. Cena: pescado, batata, ensalada. Esta estructura puede adaptarse a tus horarios y preferencias, lo esencial es mantener un aporte regular de nutrientes.
La clave del éxito reside en la planificación y la regularidad. Prepara tus comidas con antelación, ten siempre opciones saludables disponibles y considera tu alimentación como una inversión en tu rendimiento y salud.


